febrero - marzo 2004 Reto para Conservar un Corredor Biológico en Costa Rica: Ganar la Confianza de los Campesinos en la Peninsula de Osa“La conservación de la biodiversidad y la conectividad biológica no se logra si no es con la gente. Si no están motivados, no podemos hacer nada”. Así concluye José Oduber, de la Fundación Neotrópica, una ONG en Costa Rica que -- junto con otras organizaciones nacionales e internacionales -- está trabajando para establecer un corredor boscoso entre dos parques nacionales en la Península de Osa, al sur del país, una tierra abundante en biodiversidad.
Por haber sido, en el pasado, una isla que se unió al territorio continental, Osa posee una gran cantidad de especies únicas: sus 700 especies de árboles; 139 de mamíferos; 115 de reptiles y anfibios; y más de 350 de aves. La Fundación Neotrópica, además del Instituto Nacional de la Biodiversidad (INBio) de Costa Rica, Conservación Internacional y The Nature Conservancy de los EEUU, están determinados en mantener estos números, pero como indica Oduber, dicho trabajo debe involucrar a los residentes de la península. La empresa no es fácil tomando en cuenta que, según datos de la Fundación Neotrópica, existen 2000 pobladores en la Península, los cuales carecen de oportunidades económicas y llegan a vender, incluso, el derecho de usufructo de su bosque a los madereros por una cantidad mínima. Muy pocos saben darle un manejo adecuado a los suelos o desarrollan procesos productivos amigables con el ambiente. Como resultado, el corredor que los conservacionistas esperan establecer sufre de deforestación, cacería, extracción de productos maderables para leña y otros problemas relacionados a las prácticas dañinas de agricultura. Con el objetivo no solo de que pequeños propietarios de bosque mejoren su calidad de vida y diversifiquen sus fuentes de ingresos, sino también que se pueda establecer, eventualmente, un corredor entre los Parques Corcovado y Piedras Blancas, la Fundación Neotrópica puso en marcha el proyecto “Conservación de la Biodiversidad y Producción Sostenible en el Corredor Biológico de Osa.” La iniciativa cuenta con el apoyo de la Coalición Técnica del Corredor Biológico de Osa, de la Comisión Local del Corredor y con una donación del Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos. Según Oduber, el proyecto ofrecerá entrenamiento a los campesinos para desarrollar actividades productivas ambientalmente amigables. Algunas de éstas son el establecimiento de sistemas agroforestales y silvopastoriles, uso de biodigestores, reforestación, agroturismo y pago de servicios ambientales. En el proyecto, cuya duración es de tres años, ya participan 15 familias que tienen en común un gran interés de sus propietarios por conservar y producir sosteniblemente su tierra. Todos poseen bosques con más de 30.000 hectáreas y tienen problemas de baja productividad y de degradación del suelo. Sus tierras se encuentran en la zona núcleo del corredor biológico, en el corazón de un área donde los científicos han identificado gran cantidades de especies únicas. De acuerdo con investigaciones del INBio, el corredor protege 183 plantas endémicas del país -- 45 de las cuales son únicamente de esta región -- y posee 96 especies en peligro de extinción que son principalmente mamíferos como la danta (Tapirus bairdii) y el jaguar (Panthera onca). De acuerdo con Randall García, Director de Conservación del INBio, el reto -- en un contexto socioeconómico como el de Osa -- consiste en determinar qué es lo máximo que puede obtener la conservación y lo máximo que la conservación le puede ofrecer a la gente. “En última instancia, la conservación depende del ordenamiento del territorio. De ahí la importancia de desarrollar iniciativas puntuales que demuestren la posibilidad de convivencia de la gente y la conservación”, afirma. El proyecto de Neotrópica es una herramienta más en el engranaje para lograr que el corredor cumpla su cometido. Según García, no se trata simplemente de unir fragmentos de bosque, sino determinar con base en la información científica cuál área es importante para la regeneración, para producción sostenible u otra actividad que favorezca el flujo de especies y, por ende, su conservación. El gran reto de todo proyecto de producción sostenible en Osa, según afirma Juan José Jiménez, Coordinador de la Comisión Local del Corredor, es romper la desconfianza de los pobladores. “La gente piensa que el corredor es otra reserva que va a limitar sus actividades y tenemos que seguir luchando para que ellos vean que se trata de algo diferente, que no quita ni impone restricciones”, señala. Las familias que ingresan al proyecto tienen, por el contrario, la oportunidad de decidir por si mismos qué actividades productivas, amigables con el ambiente, desean desarrollar. Para esto recibirán asistencia técnica y los recursos necesarios. Como contrapartida ellos ponen su tiempo, su trabajo y su tierra. De acuerdo con Jiménez, la gente local contribuirá con los esfuerzos de conservación en la medida en que solvente sus necesidades. “Se trata de lograr que la gente sienta que los ingresos que percibe se deben a que están aliados con la conservación”. Es por eso que el proyecto contempla también el ingreso de las fincas al pago por servicios ambientales, sistema en el que el Estado costarricense reconoce montos por cuatro de servicios: mitigación de gases de efecto invernadero, protección de agua, protección de la biodiversidad y belleza escénica. A la fecha, un total de 1500 hectáreas ubicadas dentro del corredor se encuentran bajo este sistema. El pago por los servicios ambientales que se otorga para la modalidad de protección de bosques es solamente por un periodo de cinco años, los directores del proyecto de conservación y de producción sostenible buscan que los pobladores obtengan también un ingreso adicional que los motive a quedarse con su bosque por un plazo largo y eviten la necesidad de venderlo. “Mas que promover que Osa lo compren los extranjeros para protegerlo, lo que pretendemos es trabajar con los productores para incentivarlos a quedarse porque es posible producir en sus fincas”, señala Oduber y añade, “lo difícil es adaptarse a la gente y a sus intereses” pero la cuando se logra es posible también la protección del recurso. A la par de la diversificación de actividades productivas el proyecto contempla también el apoyo a seis escuelas de la zona en el desarrollo de actividades productivas con fines educativos a fin de proteger y recuperar el medioambiente, como es el caso de viveros y huertos escolares. -- Katiana Murillo Contactos en Costa Rica: José Oduber Juan José Jiménez Randall García Lea más sobre este proyecto en el Eco-Index: |