abril - mayo 2002 La Democracia en los Parques: Residentes Locales Ayuden en el Manejo de Seis &aAacute;reas Protegidas en NicaraguaNicaragua, al igual que muchos otros países, ha descubierto que el loable y político acto de declarar un nuevo parque nacional, o reserva, es más fácil que el costoso y complicado trabajo de proteger y manejar el área. El resultado, en todo el mundo, es un número creciente de "parques de papel" que aparecen en los mapas, pero son protegidos solo de nombre. Con 76 áreas protegidas que abarcan el 18% de su territorio, Nicaragua ha decidido experimentar mediante la invitación a los residentes locales y a los grupos conservacionistas de base que viven en las afueras de los límites de las reservas, a que brinden su asistencia y su consejo.
Un proyecto piloto que apunta a involucrar a estos grupos en decisiones relacionadas con las reservas en sus áreas aledañas, se lleva a cabo en seis áreas protegidas a lo largo del país. El Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARENA), así como grupos conservacionistas, están motivados en lograr el éxito de este experimento de democracia en los parques, pero reconocen el reto de involucrar a diversos grupos en una cooperación mutua. El proyecto de cuatro años de duración, denominado: Proyecto de Comanejo de Áreas Protegidas (COMAP), fue iniciado el año pasado gracias al financiamiento de 3.2 millones de dólares otorgados por la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID). De acuerdo con Milton Camacho, Director de Manejo Integrado de Áreas Protegidas del MARENA, COMAP promueve "la mejor forma de manejar las áreas protegidas, mediante responsabilidades compartidas entre el gobierno, el estado y la sociedad civil". Cerca de un 90% de las áreas protegidas de Nicaragua están en manos privadas. Los propietarios de estas tierras son frecuentemente finqueros que no poseen títulos legales de propiedad pero que migran a tierras boscosas y las talan: una forma tradicional de clamar posesión en América Central. Un reto particular de COMAP es integrar a estos propietarios junto a funcionarios del gobierno, municipalidades, líderes locales y conservacionistas, con el fin de lograr un consenso de cómo cada cual puede beneficiarse de la presencia de una reserva aledaña, a la vez que se asegure su supervivencia como un ecosistema saludable. Las seis áreas piloto están ubicadas a lo largo del país y representan un amplio rango de los ecosistemas de Nicaragua: desde los manglares de la costa pacífica hasta las montañas de pino y roble del centro del país en Estelí. Estos ecosistemas constituyen el hábitat para numerosas especies silvestres, pero están circundadas también por comunidades rurales. Debido a su belleza natural y a la cantidad de sus recursos, MARENA piensa que poseen un potencial enorme como destinos turísticos y que podrían ofrecer posibilidades de ingreso a los residentes locales. De hecho, el Instituto Nicaragüense de Turismo está involucrado en el proyecto. Justo a 27 kilómetros al sur de Managua se ubica la Reserva Natural Chocoyero-El Brujo, la cual es la área protegida más cercana a las zonas urbanas de más grandes dimensiones de Nicaragua que ningún otro sitio de COMAP. El Centro Nacional para la Acción y el Apoyo al Desarrollo Rural (CENADE), recibió una donación de US$200.000 para liderar el proceso de comanejo para la reserva. El biólogo de CENADE, Edgar Castañeda, afirma que un problema inicial fue juntar a los miembros de la comunidad y a los funcionarios locales en un Comité Local de Comanejo para discutir cómo la reserva natural debería ser manejada, aún cuando no está claro si son ellos, o el MARENA, quien tendrá la última palabra. Sin embargo, cree que el proyecto tiene una enorme influencia en la promoción de la democracia entre los actores -- quienes no están acostumbrados a tomar decisiones por consenso. "Todos hablamos acerca de cómo el gobierno tiene que descentralizarse y ser más democrático, pero cuando viene la ocasión de ponerlo en práctica, las comunidades, los propietarios de tierras y las organizaciones no gubernamentales no saben hacerlo de otra forma, sólo cómo lo hace el gobierno central", afirma Castañeda. Camacho agrega que la resistencia a la toma de decisiones en grupo es en parte motivada por la herencia de una década de conflictos armados en Nicaragua, que culminó en 1990. "Mucha gente tiene miedo de organizarse y trabajar en cooperativas"-explica- "porque temen que exista un líder fuerte que sea el único que se beneficie mientras que las comunidades serán olvidadas". Esto, señala Camacho, sucedió frecuentemente durante los 1980s. Tanto Castañeda como Camacho están motivados por la generalizada actitud positiva del comité local de comanejo hacia las metas de beneficio económico y protección de recursos naturales de COMAP. Mientras la reserva Chocoyero-El Brujo es pequeña (abarca 184 hectáreas), constituye una importante fuente de agua para miles. Castañeda afirma que el comité de comanejo entiende el valor potencial de la fuente de agua, pero que desconoce cómo convertir este valor en una ganancia económica para beneficio de la comunidad, debido a que el agua siempre ha sido gratis. El valor financiero de otros elementos naturales es más tangible: cada año cerca de 10 000 personas visitan la reserva Chocoyero-El Brujo, gracias a las dos imponentes caídas de agua que le dan el nombre a la reserva. Estimular la visitación al área y asegurar que los residentes locales obtengan beneficios del turismo son dos metas futuras; sin embargo, en forma inmediata CENADE espera lograr que los miembros del comité de comanejo se organicen mejor y con ellos terminar el plan para la reserva. "El comanejo debe ser un proceso gradual cuando se llama a los actores presentes en el área", enfatiza Castañeda, "no se debe entender como un grupo de personas que piensan igual que los ecólogos que quieren resolver los problemas de varios años, en uno solo". La empresa consultora estadounidense Associates in Rural Development, que trabaja en el desarrollo rural alrededor del mundo, ayuda al MARENA a administrar el Proyecto COMAP. Carlos Rivas Almonte, asesor técnico del proyecto por ARD, sostiene que COMAP será exitoso en la medida en que se logre motivar las comunidades a tomar la responsabilidad en la protección de los recursos naturales. "Frecuentemente en nombre de la pobreza la gente lleva a cabo actividades dañinas en áreas protegidas", afirma. "Pero aún cuando no existe pobreza o hambre, la gente continúa destruyendo. Necesitamos hacer lo que sea necesario para estimular a los residentes locales a convertirse en los principales protectores de la reserva". Rivas señala que él y sus colegas están motivados por el progreso de COMAP y esperan encontrar financiamiento suficiente para extender el proyecto a siete áreas protegidas más. Dice: "todos esperamos que las ONGs comanejantes y los Comités Locales de Comanejo, se apropien del modelo que impulsa el COMAP". Añade que la contribución inicial de la USAID debe ser continuada por otros, para lo cual el gobierno y las ONGs deben explorar la posibilidad de participación y aportes de otros donantes y de las empresas privadas de Nicaragua, para que la iniciativa se pueda ampliar, replicándolo en un mayor número de áreas protegidas de Nicaragua. -- D. Jukofsky y N. Bolaños Contactos en Nicaragua: Edgar Castañeda Carlos Rivas Altamonte Lea más sobre este proyecto en el Eco-Index: |