febrero - marzo 2002 Asociación Costarricense Anima una 'Cultura del Corredor'Maconer Carranza ha vivido en la Península de Nicoya, en la costa pacífica de Costa Rica, por cerca de 30 años y recuerda cómo era la vida de la comunidad antes de la llegada de un grupo ambiental. "La diferencia es como del día a la noche", afirma. "Antes, en la península, sufríamos sequías, incendios forestales y tala indiscriminada. Ahora todo ha cambiado".
El grupo al cual él atribuye este cambio es la Asociación Ecológica de Paquera, Lepanto y Cóbano (ASEPALECO), llamada así debido a los tres principales poblados que existen en la península. A la vez que ASEPALECO mejora la calidad de vida para Carranza y sus vecinos, el grupo forma parte también de una iniciativa más amplia y compleja, que se extiende desde el sur de México hasta Panamá: el Corredor Biológico Mesoamericano, que integra grupos conservacionistas, organizaciones nacionales y de base, y agencias gubernamentales. Donantes internacionales han invertido millones de dólares en actividades para consolidarlo. De acuerdo con Luis Rojas, enlace técnico entre el corredor en Costa Rica y la sede, en Nicaragua, la iniciativa tuvo sus orígenes a inicios de la década de los 90, cuando biólogos de la organización estadounidense: Wildlife Conservation Society (Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre), diseñaron y llevaron a cabo un proyecto en América Central denominado Paseo Pantera, con el apoyo de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos. La idea fue conectar áreas boscosas a lo largo de la costa Caribe, donde la pantera, una especie en peligro de extinción que requiere vastas áreas de hábitat no alterado para sobrevivir, pudiera moverse desde el sur de Guatemala hasta la frontera de Panamá con Colombia, sin perder de vista la protección del bosque. El concepto se amplió, sostiene Rojas, para incluir el sur de México y las tierras silvestres que se extienden desde el Caribe al Pacífico a través del Istmo. Hoy el Corredor Biológico Mesoamericano es impulsado por la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo, con el apoyo financiero del Fondo Mundial para el Ambiente (FMAM) un fondo manejado por las Naciones Unidas y el Banco Mundial; y de la GTZ, la Agencia de Cooperación Alemana. Los científicos enfatizan que a menos que las áreas protegidas sean conectadas unas con otras por medio de lo que se denominan corredores biológicos, la vida silvestre no podrá extenderse, ya que estará limitada por tierras para la ganadería, poblados, autopistas o centros comerciales. La vida silvestre quedaría, entonces, atrapada en pequeñas islas de bosque, inadecuadas para garantizar el flujo genético que se necesita para mantener poblaciones saludables a largo plazo. Rojas recuerda que la noción del corredor biológico ideal cambió cuando los biólogos y los tomadores de decisiones empezaron a considerar cuáles áreas debían unirse y cómo. "Se empezó a identificar que muchas de esas áreas tienen pobladores, ya sea campesinos, aborígenes o comunidades", afirma. "Realmente hay que ofrecerles alguna opción. El corredor no puede participar solamente en preservación". Actualmente, según señala Rojas, las actividades del corredor se centran, además de la protección de bosques, en transformar aquellas actividades humanas destructoras del ambiente en prácticas más sostenibles. También se busca incentivar a la gente que preserva sus bosques por medio de la búsqueda de formas en las que pueden obtener ingresos, gracias a los servicios que sus bosques proveen. Por ejemplo, existen bosques que protegen manantiales que proveen de agua potable a las comunidades aledañas; en estos casos los residentes que reciben el servicio deberían compensar a los propietarios de estos bosques por ese vital beneficio. Décadas atrás, agricultores, ganaderos y empresarios forestales quemaron o talaron muchos de los bosques que una vez cubrieron la Península de Nicoya, en Costa Rica. Debido a esto, los remanentes boscosos son particularmente preciosos. Rojas y sus colegas esperan establecer un corredor que conecte las 1172 ha de la Reserva Natural Absoluta Cabo Blanco, en el extremo sur de la península, con las 2295 ha que conforman el Parque Nacional Barra Honda, ubicado 90 km al norte. El corredor serpenteará la península, incorporando e interconectando pequeñas áreas protegidas a lo largo del recorrido. Una de las áreas silvestres protegidas que forman parte del corredor es el Refugio de Vida Silvestre Karen Mogensen, manejado por ASEPALECO. Esta ONG usa fondos legados por Mogensen, una conservacionista que vivió largo tiempo en la Península de Nicoya, con el fin de adquirir la reserva boscosa de 630 ha , que constituye la fuente de agua potable para miles de residentes de la península. El grupo también promueve el cambio de actitud y las actividades sostenibles que la ambiciosa estrategia del Corredor Biológico requiere. "Yo he trabajado con varias instituciones y algo que le admiro a ASEPALECO es que la parte de educación ambiental no se ha quedado solamente en un discurso, nosotros buscamos soluciones", afirma la directora y bióloga María Teresa Cerdas. Por ejemplo, es común que el crecimiento de la población traiga consigo serios problemas de basura. ASEPALECO no esperó por una solución gubernamental, sino que buscó fondos de los Países Bajos, del Programa de Pequeñas Donaciones del FMAM y de instituciones locales, con el fin de crear un centro de reciclaje, actualmente en crecimiento, y lanzar una amplia campaña de educación sobre el reciclaje. Otras actividades relacionadas con el corredor incluyen la construcción de un pequeño ecoalbergue para turistas que desean caminar por el Refugio de Vida Silvestre Karen Mogensen y un centro de educación ambiental; el establecimiento de las minireservas en aproximadamente 35 escuelas; y el apoyo a los residentes en el cultivo de jardines orgánicos, así como el desarrollo de viveros forestales para proyectos de reforestación. ASEPALECO también trabaja con los estudiantes de una escuela técnica local para monitorear la vida silvestre que es atrapada debido a la apertura de un nuevo camino, que corta su hábitat. Los estudiantes construyeron un puente sobre la carretera con el fin de garantizar el paso seguro para mamíferos arbóreos como los monos y ardillas. Maconer Carranza, quien trabaja de voluntario para ASEPALECO, nota el particular éxito que ha tenido el proyecto de entrenamiento y organización de 120 voluntarios para la prevención de incendios forestales, el cual resultó en la formación de 10 brigadas comunitarias. "El cambio ha sido increíble", señala Cerdas. Una campaña efectiva de concienciación ha ayudado a reducir el número de incendios en la región a la vez que se ha empleado la educación ambiental para popularizar el concepto de corredores biológicos, sostiene la bióloga. "La idea inicial era muy técnica, alrededor de instituciones y técnicos, pero nosotros quisimos, más bien, que la idea del corredor empezara desde la gente", asegura. Ahora los voluntarios de ASEPALECO entienden que sus esfuerzos ayudan no solo al ambiente local, sino que también contribuyen a generar una visión conservacionista multinacional. Grupos como ASEPALECO, que unen residentes locales con municipalidades, son vitales para el corredor, reconoce Rojas. "Su propuesta de ordenamiento territorial y de manejo de la biodiversidad es realmente muy innovadora y orientada hacia los objetivos del corredor", sostiene. Rojas desea animar al desarrollo de una cultura de corredores biológicos, de tal forma que algún día todas las comunidades a lo largo de la región deseen proteger esos "senderos verdes" desde los mismos patios de su casa y valorar verdaderamente la biodiversidad que estos protegen. Contactos: María Teresa Cerdas Luis Rojas Bolaños Lea más sobre este proyecto en el Eco-Index: |