Ambien-Tema - Octubre 2009 - Sembrar café y vender carbono: en Sierra Madre de Chiapas nace una interesante relación

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Octubre 2009

Sembrar café y vender carbono: en Sierra Madre de Chiapas nace una interesante relación

Por Yessenia Soto

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"Producir al mismo tiempo que se conserva" es algo más que una frase atractiva en 15 comunidades de Sierra Madre de Chiapas, México. Para ellas, estas palabras resumen su modelo de responsabilidad y negocios que han adoptado con ayuda de un grupo conservacionista.

La cordillera de Sierra Madre de Chiapas atraviesa el suroeste de México y pasa por Guatemala, El Salvador y parte de Honduras, albergando en sus terrenos un gran número de cafetales donde una vez creció un abundante bosque nuboso. Es en las montañas mexicanas de la Sierra donde decenas de productores están cosechando café con un mínimo impacto ambiental y de alto valor y demanda en el mercado. Además, los mismos cafetaleros junto a otros finqueros y propietarios de terrenos se dedican a la venta de servicios ambientales por captura de carbono a través de la recuperación de áreas deforestadas o degradadas.

Dicha mezcla es parte de la iniciativa "Construcción de un modelo de café de conservación y créditos de carbono en la Sierra Madre de Chiapas", impulsada por la Cooperativa AMBIO, una sociedad mexicana dedicada a promover el desarrollo rural a través del manejo de los recursos naturales. El proyecto es patrocinado por el Fondo de Alianzas para Ecosistemas Críticos (CEPF, por sus siglas en inglés).

AMBIO - Foto por AMBIO

AMBIO lleva más de diez años ejecutando este proyecto en México, el cual parece consolidar un matrimonio entre la agricultura y la conservación forestal y de biodiversidad en esta parte de Sierra Madre. De acuerdo con Adalberto Vargas, coordinador del proyecto, la idea original nació para aprovechar el uso multipropósito que los productores hacen de sus parcelas.

"Solamente, les reconocemos algo que ellos hacían de forma natural. Es normal que, por ejemplo, los cafetaleros tengan uno que otro arbolito frutal, al lado cultiven otro producto y, talvez, también tengan algo de ganado", explica Vargas.

Partiendo de esta premisa, la caficultura y la venta de servicios ambientales por captura de carbono calzaban bastante bien en el molde. Además, era una experiencia que ya se hacía exitosamente en otras regiones. Entonces, el equipo de AMBIO dio luz verde a la tarea y se "lanzó en la aventura" de conquistar a varios productores de la zona para que se unieran al proyecto. Pero la tarea no fue tan fácil.

Las comunidades tuvieron problemas para aceptar la propuesta de reforestar y conservar sus terrenos para recibir dinero a cambio de lo que los árboles podrían hacer por el medio ambiente y por mitigar el cambio climático. "Nos costó. Algunos ni siquiera sabían qué es captura de carbono o cuando les explicábamos que no podrían cortar los árboles sembrados como parte del proyecto, los productores se llenaban de desconfianza pensado que el esto era una trampa para arrebatarles sus territorios", recuerda Vargas.

El proyecto contempla los 20 años que le toma a un árbol para llegar al estado adulto, cuando cumple plenamente su función en el esquema de captura de carbono. Este compromiso a largo plazo fue motivo para algunos habitantes de detener o retardar su decisión en participar en él.

Los investigadores insistieron en las ventajas económicas y ambientales que tendrían los participantes para tratar de convencerlos. No podían prometer mucho dinero, pero los ingresos por la venta de bonos, más el valor económico del árbol al final del compromiso con el proyecto, las mejoras que lograrían en el suelo (como menor erosión), entre otros, fueron argumentos que lograron persuadir a las primeras cinco comunidades.

Entrenamiento - Foto por AMBIO

En 1997, AMBIO, en colaboración con la entidad académica El Colegio de la Frontera Sur (ECOSUR) y la Universidad de Edinburgh (Reino Unido), crearon "Scolel te", un programa propio para manejar este servicio ambiental y el cual permitió el arranque formal de la venta de carbono. Luego, la asociación capturó el interés de la Federación Internacional de Automóviles (FIA), una organización global de carreras de autos que vio en la iniciativa una forma para compensar sus emisiones de gases contaminantes. FIA les compró a las cinco comunidades bonos por el equivalente a 5,000 toneladas de carbono para ese año, pagando $10 por cada una.

Desde entonces la iniciativa ha crecido al punto que en la actualidad, hay 58 comunidades dedicadas a la venta de carbono, lo que representan unas 10,000 hectáreas (24, 700 acres) de terreno reforestado y dedicado a reparar algo del daño climático causado por la actividad humana.

Pero en el proyecto original AMBIO no contempló que en Chiapas la mayoría del café ya se producía bajo sombra, por lo que plantar árboles dentro de los cafetales no era muy atractivo para los caficultores y limitaba los alcances de su proyecto. Sin embargo, este mal cálculo dio pie a otras oportunidades.

Tras repensar las posibilidades, AMBIO -- ahora con el apoyo de la organización Aires de Cambio -- volvió a las comunidades con la propuesta de café de conservación, que consistía en implementar buenas prácticas de manejo ambiental para producir el grano.

Vargas dice que esto representó otro reto ya en un principio ellos se habían enfocado principalmente en la captura de carbono, no en la producción de café. De todos modos, el equipo de trabajo se preparó sobre buenas prácticas de manejo de los cafetales y como resultado el proyecto se expandió. Ahora algunas comunidades se dedican solo a la venta de carbono, otras solamente a la producción de "café de conservación" y hay otras que están aprovechado los dos "mercados verdes": el café y la venta de créditos de carbono.

Juzgando por los resultados, el experimento fue todo un éxito. En las ocho comunidades participantes se establecieron 57 hectáreas de sistemas agroforestales las cuales representan un potencial para capturar 1678 toneladas de carbono, equivalente a un pago de 10 dólares por cada tonelada. En el área de producción de café de conservación, el proyecto ha completado diagnósticos, planes de manejo y verificaciones de la implementación de las buenas prácticas en 159 parcelas de 143 productores de dichas comunidades.

Vargas asegura que la dispersión de los cafetales de conservación y las tierras reforestación ha generado además un efecto muy positivo en el paisaje y la biodiversidad de la región. La actividad se convirtió en una especie de semillero de corredores biológicos que se conectan entre los cafetales y las áreas destinadas a la conservación y venta de carbono, los cuales podrían seguir aumentando gracias a la colaboración del fondo de áreas naturales del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza el cual financió otro proyecto para apoyar el crecimiento de la propuesta a otras siete comunidades en la Reserva de la Biosfera La Sepultura.

Cerezas del Café - Foto por Rainforest Alliance

En la parte social, la iniciativa ha sido una herramienta para fortalecer el sentido de apropiación y la capacidad organizativa de los productores de las localidades participantes quienes, por ejemplo, han formando grupos de autogestión. También ha colaborado para germinar entre las comunidades la conciencia del problema climático y ambiental.

"La gran fortaleza de este proyecto es precisamente que les ha demostrado a las comunidades que sí es posible producir al mismo tiempo que se conserva y les ha dado buenos resultados tanto en lo económico, lo ecológico y lo social", manifiesta Lorena Soto, investigadora de ECOSUR.

Precisamente, Soto y ECOSUR trabajan en una segunda fase de la iniciativa, el cual sistematiza las experiencias, resultados e información de la iniciativa para desarrollar un modelo oficial que sirva de base para aplicarlo en otros lugares de Sierra Madre de Chiapas.

De acuerdo con Soto, la construcción de este modelo está muy avanzada pero queda de frente el arduo trabajo para poder "transplantarlo" en otras comunidades. La tarea significa lograr acuerdos entre el Gobierno, instituciones, ONG y centros académicos; conseguir promoción y financiamiento; enfrentar la baja en la venta de bonos de carbono que está dejando la crisis económica mundial; encontrar nuevos mercados; y, por su puesto, el reto de convencer y comprometer a los habitantes de nuevas comunidades con este matrimonio entre carbono y café, entre agricultura y conservación.

Contactos: Adalberto Vargas Guillén, Cooperativa Ambio, Chiapas, México. Tel:+52/967-678-8409; fax: +52/967-678-8409, contacto@ambio.org.mx www.ambio.org.mx, www.planvivo.org. Lorena Soto, El Colegio de la Frontera Sur, Chiapas, México. Tel: +52/967-674-9000. lsoto@ecosur.mx, www.ecosur.mx.